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Lo principal es buscar un momento en el que nosotros y nuestro gato estemos tranquilos.

El objetivo es conseguir cortar las uñas a nuestro gato durante toda su vida, con lo que hemos de relacionarlo con algo agradable para que aprenda a dejárselo hacer.

Lo ideal es coger a nuestro gato lo mínimo, poniéndolo encima de nuestras rodillas con la zona posterior hacia nosotros o bien, orientado de lado.

Le acariciamos la cabeza para premiar y hacemos una ligera presión con dos dedos para exponer la uña.

Cuando está expuesta veremos que tiene una parte rosada, que contiene la vena y no hemos de cortar. Cortamos dejando un margen hasta esta zona (de inicio mejor sólo cortar las puntas), y premiamos si el comportamiento es el adecuado, con algo que le guste mucho, o caricias. Puede ir bien, hablar en susurros a nuestro gato, ya que a la mayoría les reconforta.

Puede haber gatos a los que vaya bien usar una toalla arropándolos y sacar solo la pata que hemos de cortar las uñas. 

Si en algún momento vemos que se incomoda, paramos, intentamos tranquilizarlo y buscamos otra momento para seguir.

Si alguna vez nos sangra, lo primero de todo es mantener la calma. Intentar tranquilizar a nuestro felino y con una bola de algodón, hacer presión para parar el sangrado, que suele cesar en poco rato.